Última milla en retail: errores que impactan la experiencia del cliente (y cómo evitarlos)
En retail, la experiencia del cliente dejó de terminar en el momento de la compra. Hoy, el verdadero punto de validación ocurre en la última milla, cuando la promesa se materializa frente al cliente. El crecimiento del eCommerce no solo incrementó los volúmenes, también elevó el estándar: rapidez, visibilidad y cumplimiento ya no son diferenciales, son expectativas básicas.
Este cambio ha tensionado toda la operación logística. Desde la mirada operativa, el ecosistema se ha vuelto más exigente, más interconectado y menos tolerante a la improvisación. Como explica Francisco Schmidt, gerente comercial de Llegó, “ya no basta con ejecutar bien una parte del proceso, porque cada eslabón impacta directamente en el siguiente”, y cuando esa coordinación falla, es la última milla la que termina evidenciando el problema frente al cliente.
La última milla ya no es logística, es experiencia
Durante años, la última milla fue entendida como una etapa final dentro de la cadena logística. Sin embargo, hoy se ha transformado en el momento más crítico de toda la experiencia de compra, porque es el único punto donde la marca deja de ser digital y se vuelve tangible.

Ulises Urcia, Business Territory Manager Perú de Chazki, lo resume de forma precisa: “la entrega es el único momento físico en que la marca llega al cliente… es el momento donde la promesa se cumple o se rompe” . Esta afirmación no solo redefine el rol de la logística, sino que la posiciona como un componente directo de la percepción de marca.
En este contexto, la experiencia ya no se construye en un solo punto. Como plantea Schmidt, “la experiencia ya no se define solo en la entrega, sino en todo el recorrido”, lo que obliga a entender la última milla como parte de un sistema más amplio, donde cada decisión previa tiene impacto directo en el resultado final.
Error 1: Prometer más de lo que la operación puede cumplir
Uno de los errores más frecuentes en retail es construir la promesa de entrega desde la lógica comercial, sin validar si la operación puede sostenerla. Esta desconexión genera expectativas que, en la práctica, son difíciles de cumplir y terminan afectando directamente la confianza del cliente.
Urcia lo plantea con claridad: “cuando una tienda ofrece entrega en 24 horas sin tener la capacidad real para sostenerlo, está poniendo una bomba de tiempo” . El problema no es solo el retraso, sino la frustración que se genera cuando el cliente organiza su día en función de una promesa que no se cumple.
Este tipo de fallas rara vez se originan en la entrega misma. Como explica Schmidt, “si la planificación falla, la última milla lo paga”, y si además el inventario no está sincronizado, el despacho inevitablemente se retrasa. En ese sentido, la entrega no es el origen del error, sino el punto donde se vuelve visible.
Urcia incluso refuerza esta idea desde la experiencia del cliente: “el cliente prefiere recibir mil veces una notificación de entrega en 48 horas que prometer entrega en 24 horas y recibir el pedido en 48 horas” . La consistencia, más que la velocidad, es lo que construye confianza.
Error 2: Falta de visibilidad para el cliente
La experiencia de entrega no se define únicamente en el momento en que el pedido llega, sino en todo el proceso previo. En ese recorrido, la información cumple un rol clave en la percepción del cliente.
Cuando no existe visibilidad, la incertidumbre se instala rápidamente. Como señala Urcia, uno de los errores más comunes es que “el cliente no sabe dónde está su pedido… y la única forma de enterarse es llamando al servicio al cliente”, lo que genera “una sensación de abandono” . Esta falta de información no solo deteriora la experiencia, también genera fricción innecesaria en la operación.
En paralelo, el estándar del cliente sigue evolucionando. Schmidt lo resume al señalar que “el cliente final ha elevado el estándar… no solo espera rapidez, espera cumplimiento, información en tiempo real y transparencia”. Esto obliga a que la trazabilidad deje de ser un valor agregado y pase a ser una condición base para operar.
Además, la visibilidad no es solo una herramienta interna. Como explica Urcia, “la trazabilidad no es solo para la operación interna, es también una herramienta de comunicación con el cliente” , lo que transforma la forma en que se construye la experiencia durante el tránsito del pedido.
Error 3: Tercerizar la última milla sin control
Externalizar la última milla es una decisión común en retail, especialmente para ganar flexibilidad. Sin embargo, uno de los errores más críticos es asumir que esta externalización implica transferir completamente la responsabilidad de la experiencia.
Desde la perspectiva del cliente, no existe esa distinción. Como plantea Urcia, “el cliente no distingue entre la tienda y el courier. Si el delivery falla, falló la marca” . Esto implica que, aunque la ejecución esté en manos de un tercero, la responsabilidad sigue siendo del retailer.
Este problema se amplifica cuando se pierde visibilidad sobre la operación. Schmidt lo explica desde una mirada sistémica: “el ecosistema funciona como un sistema vivo… cuando uno de esos actores no está alineado, la fricción se multiplica”. Por eso, más que delegar la última milla, las empresas necesitan integrarla y gestionarla activamente.
Error 4: Falta de planificación operativa
Muchos de los problemas que impactan la experiencia del cliente no se originan en la entrega, sino en la etapa de planificación. Rutas mal diseñadas, flota mal dimensionada o una mala estimación de la demanda generan una operación que funciona bajo presión constante.
Como explica Urcia, “la mayoría de los problemas en última milla nacen cuando se improvisa el día de la entrega porque no hubo una planificación seria el día anterior” . Esta falta de anticipación obliga a la operación a reaccionar en lugar de gestionar de forma estratégica.
Desde una mirada más amplia, esto refuerza la necesidad de coordinación a nivel de red. Schmidt señala que hoy “más que hablar de logística aislada, hablamos de coordinación, visibilidad y capacidad de anticipación”, especialmente en contextos de alta demanda donde cualquier desajuste se amplifica rápidamente.
¿Qué hacen diferente las operaciones que sí cumplen?
Las operaciones que logran sostener una buena experiencia en última milla comparten una característica clave: alinean lo que prometen con lo que son capaces de ejecutar. Esta coherencia no es casual, sino el resultado de una gestión basada en planificación, tecnología y control.

En ese contexto, la planificación y la trazabilidad funcionan como dos pilares complementarios. Como plantea Urcia, “la planificación evita los errores, y la trazabilidad te permite controlar los que no pudiste evitar” . Esta combinación permite no solo mejorar la eficiencia, sino también sostener la experiencia del cliente en escenarios complejos.
Además, la visibilidad hacia el cliente se vuelve un factor diferenciador. Saber que el pedido está en camino, recibir notificaciones o anticipar un retraso cambia completamente la percepción del servicio, incluso cuando existen desvíos en la operación.
La última milla como ventaja competitiva
En un entorno donde los productos y precios tienden a igualarse, la experiencia se convierte en el principal diferenciador. Y dentro de esa experiencia, la última milla ocupa un rol central, porque es el punto donde se valida toda la propuesta de valor.
Las empresas que comprenden este cambio dejan de operar en silos y comienzan a construir modelos más integrados. Como plantea Schmidt, el ecosistema logístico está evolucionando hacia esquemas más colaborativos y tecnológicos, donde la planificación, la trazabilidad en tiempo real y el control de la ejecución permiten sostener el nivel de servicio incluso en escenarios exigentes.
Al final, la diferencia no está en quién promete más rápido, sino en quién es capaz de cumplir de manera consistente. Porque en última milla, cada entrega no solo mueve un producto, también construye —o destruye— confianza.


